Esto me pasa por levantarme de la cama
Lo malo de regresar de vacaciones no es propiamente que las vacaciones hayan finalizado. Lo malo de regresar al mundanal ruído, es que te tienes que acoplar, cagando melodías, al ritmo habitual del resto de la peña. Ayer, sin ir más lejos, yo era un hombre feliz que disfrutaba humildemente de su síndrome post vacacional.
-"Iñakito, ¿te hace una cervecita?".
-"Qué se yo, chico, que estoy un poco chocho, como desganado...no se, como que no me hallo en mi propio ser, ¿entiendes?. (Gesto lánguido de perro apaleado). Pero bueno, por no desairarte...".
-"Iñakito, esta noche no hagas planes que nos invita el Rogelio a cenar una mariscada, que ya era hora de que se estirara el hijoputa".
-"Pues fíjate que ni pensaba salir. Aún estoy por terminar aquellas apasionantes novelitas de Proust que con tanto cariño me regaló mi ex novia la chiflada. (Dios la confunda). Aunque, bien mirado, (sonrisa beatífica), a lo mejor os acompaño, más que nada, por no haceros un feo, que a mí los ojos saltones de las langostas y los bogavantes me miran mal y me dan escalofríos."
-"Iñakito, ¿qué tal si nos damos un revolcón salvajote de esos de aquí te pillo, aquí te mato?".
-"No, si en el fondo, yo también estaba deseando amasar tus muslos marmóreos y reposar mi cabeza en tu pecho palpitante. (¿O era al revés?). Pero, chica, (aparto de mi vista las páginas deportivas del diario con un gesto contundente y masculino), no me atrevía a proponértelo. Si es que desde que he regresado, (voz quebrada), no paro de preguntarme si...".
-"¿...?". (Redoble circense de de tambores).
-"Si aún me deseas". (Mirada sumisa hacia el suelo).
-"¡Ay, churrin, mira que eres tonto. Ven aquí que te voy a explicar una cosita".
Y así estaba yo, tan ricamente, instalado en la tristeza más absoluta, dudando hasta de la mismísima wikipedia, (cómo será la cosa), cuando, de pronto, me doy cuenta de que debo acudir a mi entidad bancaria a resolver un asuntillo rutinario. Al otro lado del mostrador me espera el típico cretino con cara de no haber hecho el amor desde la época en la que Franco era cabo. Conversación de besugos.
-"Buenos días".
-(Gruñido ininteligible).
-"Quería poner al día la libreta de ahorros".
-"Para eso están los cajeros automáticos".
-"Ya, pero es que, de paso, me gustaría que me aclararan estos extractos. Aquí me han descontado unas cantidades que no me cuadran".
-(Gesto de abulia supina). "A ver. Permítame el Documento Nacional de Identidad".
Entonces busco, rebusco, escudriño bolsillos y cartera, y nada. El puto D.N.I. no aparece por ningún lado.
-"No tengo toda la mañana", deja caer el cabrón, mientras me hace notar con una mueca chulesca, la larga cola de clientes que empieza a formarse a mis espaldas.
-"Me lo he debido olvidar en casa", susurro en plan amiguete.
-"Pues tendrá que volver otro día", sentencia el mandril.
-"¡Coño!, y no le basta con la misma libreta?. Aquí pone mi nombre bien claro".
-"Lo siento, señor. ¡Haga el favor de pasar el siguiente!".
¡Joder con la reentré!. Con lo bien que me iba en mi papel de pobrecito desvalido. Pero mis males sólo acaban de empezar. A los cinco minutos de abandonar el planeta de los simios, me doy cuenta de que aún no he ido al Hipermercado. Mi nevera está más vacía que la cabeza de Laura Bozzo.
Introduzco un euro en el carrito y el condenado artilugio, atascado de cojones, se niega a venir conmigo. Primero fueron unos cuantos golpecillos y tirones. Después, lo reconozco, las cosas pasaron a mayores, y el segurata de turno, tamaño armario ropero, me cazó casi a punto de emprenderla a patadas.
-"¿Algún problema, caballero?".
-"Estos carros están hechos una mierda. Me ha tragado un euro y no tengo forma de recuperarlo".
-(Acaricia la porra con fruición). "Utilizando la violencia, es poco probable que consiga recuperar la moneda".
-"Bueno, me vais a devolver el dinero o qué?".
-"Eso no es asunto mío. Vaya a hablar con los de atención al cliente y compórtese. (Acaricia la pistola con fruición). No me gustaría volver a llamarle la atención".
Sección de frutas y verduras. 11 de la mañana. Llevo hora y media encerrado en la gran superficie, rodeado de gente por todas partes. Miro mi ticket con ansiedad. Mi turno responde al número 110. ¡Albricias!, acaba de sonar el 109. Estoy a punto de realizarme como hombre y como persona. ¡Tiiiii...!, "¡el 110!, canta la dependienta, con cara de pocos amigos.
Cual pirata del Caribe me arrojo al abordaje inmisericorde del mostrador, dispuesto a no hacer prisioneros. Pero en ese momento, me doy de bruces con una mujer de culo generoso, que hábilmente me desplaza con un seco golpe de cadera.
-"¡Mecagontó, señora, por poco me deja impotente...!.
-"¡Uy!, perdona, nene, pero creo que me toca a mí".
-"¡Y un huevo de pato!. ¿Qué pone allí?, (señalo el luminoso con ligeros síntomas de epilepsia), el 110. ¿y qué pone aquí?, (muestro ante sus narices el 110 impreso en rojo fosforito). CREO QUE ESTÁ BASTANTE CLARO, ¿NO?".
-"Ya. Pero es que aquí mi amiga, (señala a una imponente matrona vestida de negro riguroso), y una servidora, tenemos el 107 y el 108. Lo que pasa es que nos hemos entretenido un poquillo en la sección de lencería. ¡A ver, maja, (se dirige a latendera que se limita a encogerse de hombros, como si la cosa no fuera con ella), ¿a cómo están las naranjas?".
Hoy he decidido no hacer nada. Ni siquiera saldré a la calle, ni contestaré a las llamadas telefónicas. En casa tengo tabaco y buen vermú. Me dedicaré a quererme un ratito mientras imagino que aún estoy de vacatas. Mañana será otro día. ¿O no...?





mAga dijo
Mañana será otro día. Que los hay que sólo falta que nos mié un perro..
Ya Iñaquito, seguro disfrutaste tu tabaco y estás hecho un rorro durmiendo.
shhhh un besito
11 Octubre 2007 | 03:57 AM