La Hermandad Hemingway (2)
Pasaron los meses a la velocidad de una alocada bandada de pájaros. Las cosas se iban moviendo razonablemente bien, aunque con mucha cautela. Mientras tanto, el diario aumentaba sus ventas a ritmo lento pero seguro, lo que ayudó a reforzar mi posición y mi estrategia empresarial. "La Nación" fue ganando enteros entre la opinión pública y el poder establecido comenzaba a coquetear con nuestros jefes de sección.
Marga había desaparecido repentinamente. Su despacho permanecía cerrado a cal y canto y su número de móvil pertenecía ahora a un agresivo agente inmobiliario deseoso de venderme una propiedad rural. López, Subdirector del periódico y amigo del alma desde los tiempos de la Facultad, restó importancia al misterio.
-"Es una chica demasiado ambiciosa, dijo atusándose el frondoso bigote que distraía la visión de su calva venerable. Lo más probable es que se encuentre fuera del país, cerrando grandes negocios. Nosotros, Luisito, somos un pez que, de momento, no está al alcance de su caña".
-"¿Y Larrauri?". La pregunta salió disparada directamente de mi subconsciente, quizá recordando aquel almuerzo tan amargo del "Price".
-"¿Y qué pinta ese fascista en este entierro?.
-"Tengo la sensación de que Marga se encuentra con él. No me preguntes por qué".
-"A tí lo que te ocurre, repuso López, propinándome un golpecito cómplice en el estómago, es que estás colado por ella..."
-"Puede ser, respondí con un hilo de voz, puede ser...".
La primera vez que volví a ver a Larrauri y a Marga fue en el departamento de fotografía. Las últimas fotos que nos habían llegado de Sierra Leona eran un auténtico museo de los horrores. Inánimes mujeres violadas, niños con los brazos amputados, hombres decapitados.
En una de aquellas instantáneas, captada a las afueras de Freetown, podía verse un reguero de cadáveres. Junto a los cuerpos aniquilados posaban sonrientes cinco soldados de la guerrilla, orgullosos de exhibir sus sanguinolentos trofeos. Un poco más al fondo, formando parte del grotesco paisaje, destacaba, casi de manera imperceptible, una pareja de europeos, un hombre y una mujer, ataviados con la ropa típica de la región.
Lo inusual del cuadro despertó mi curiosidad. Jandrito, el responsable gráfico del periódico, consiguió ampliar la imagen en el ordenador. La sorpresa fue mayúscula. Manuel Larrauri y Marga Colina, observaban la atroz escena como quien asiste a un espectáculo deportivo. Sus manos permanecían dulcemente entrelazadas. Parecían dos enamorados disfrutando de una luna de miel de pesadilla. Sus ojos, fríos y ausentes, apenas conseguían delatar el asco del instante.
Decidí no comentar nada. Aquello podía ser fruto de la casualidad. Jandrito se río con la ocurrencia.
-"Seguro que son dos turistas despistados, sentenció. O a lo mejor buscaban emociones fuertes y alguna agencia de viajes se ha pasado de la raya".
Después de aquello, nada volvió a ser lo mismo. Acudía puntualmente a mi puesto de trabajo, pero regresaba desorientado, como un alma ausente. Mi vida comenzaba a transcurrir entre la depresión y el insomnio. Mis peores temores estaban a punto de confirmarse. Poco a poco, fuí desempolvando nuestro archivo.
Comunidad de Borel, Río de Janeiro. La fotografía muestra, con una crudeza salvaje, los cuerpos de cuatro jóvenes abatidos por las balas de los escuadrones de la muerte. Una vez más, al fondo de la macabra escena, se dibujan las mismas siluetas inquietantes. Esta vez, ambos permanecen agachados, en cuclillas, observando con una indiferencia pasmosa, el escenario de la vergüenza.
Norte de Bucaramanga, Colombia. La imagen recoge el cuerpo sin vida de un conocido dirigente comunal. Los desmovilizados paramilitares no tuvieron compasión y se ensañaron. Junto al bulto deshilachado posan, en animada charla, los dos ángeles exterminadores, tocados para la ocasión, con elegantes sombreros panamá.
Busco y rebusco. Hay más pruebas. Chechenia, Afganistán, Palestina..., en todas las fotografías reaparecen, al margen del encuadre, pero tan nítidos como dos fantasmas siniestros. Confirmo mis peores sospechas. Hasta lo que yo sé, algunas de estas fotonoticias, servidas por las mejores agencias del mundo, han llegado a ser portada en los principales tabloides.
De pronto, tengo una corazonada. Salgo disparado hacia la hemeroteca y rescato nuestro último especial sobre la guerra de Irak. A doble página, en pleno centro del suplemento, destaca, mal oliente, la penúltima masacre. Montones de cabezas, manos e intestinos se apilan en torno a las ruinas de lo que antaño fue un mercado de abastos. En una esquina del plano, Larrauri y Marga, departen amistosamente con un marine norteamericano. La desfachatez y la vergüenza también han llegado a mi periódico.
Estoy seguro de que me encuentro ante una trama innombrable, ante un suceso incalificable e irracional. Entonces, con el vómito a las puertas de la boca, decido investigar por mi cuenta. Reviso listas, compruebo datos, me sumerjo, hasta donde llego, en la vida de Manuel Larrauri, su círculo de amistades, su club privado. Telefoneo a mis contactos internacionales. Hablo con el Delegado de Reuters en España y por fin, consigo contactar telefónicamente con John Mulligan, un reportero free lance, de largo recorrido, siempre dispuesto a enrolarse en los peores conflictos internacionales.
-"Se trata de la Hermandad", confiesa en voz muy baja.
-"¿La Hermandad...?".
-"Se la conoce con ese sobrenombre. La Hermandad Hemingway, en reconocimiento a la trayectoria periodística del escritor. Un círculo muy cerrado al que sólo acceden millonarios y políticos de gran altura. Ya me entiende. En vez de ir de safari a Kenia, prefieren pasar sus ratos de ocio haciéndose fotografiar en el sitio exacto en el que se produce la noticia. Guerras, desastres naturales, hambruna...Se dice que todo comenzó con el suicidio del propio Hemingway. Al parecer existe una fotografía en la que ya aparecen, junto a su cuerpo aún caliente, algunos potentados del momento. Pero, en fin, yo no la he visto jamás. Es probable que forme parte de la leyenda del grupo".
-" Me toma el pelo".
-"Bueno, pero usted, ¿qué desea en realidad?".
-"No lo sé...".
-"Si lo que pretende es desenmascarar el negocio, no lo haga. Aquí están implicados presidentes de gobierno, banqueros e incluso multinacionales. Su vida no valdría ni un penique. Son muy poderosos. Ya ve que no tengo inconveniente en contarle la verdad, porque estoy convencido de que esta conversación no tendrá mayor trascendencia. Todo lo compran con dinero: visados, permisos de acceso a las zonas problemáticas, y cómo no, resuena una sonora carcajada, a algunos profesionales nos pagan muy bien por una foto "artística". Hágame caso y olvídese del asunto. Aquí no hay nada que rascar".
-"Pero, ¿por qué lo hacen?.
-"Quizá por el riesgo, por la aventura, por esnobismo...¡vaya usted a saber...!. Lo único que sé es que son capaces de ofrecer auténticas fortunas por una portada de cierta relevancia. Nosotros, bueno, algunos de nosotros, intentamos complacerlos. Entiéndame, el mal está hecho. No somos culpables, no inventamos el dolor, sólo somos testigos del desastre. El que aparezcan en la imagen, en un segundo plano, no va a cambiar las cosas, ni añade ni aporta nada al suceso. Hágame caso, olvide lo que hemos hablado. Es sólo un juego. No merece la pena".
Ayer tuve un buen día. Todo va saliendo a pedir de boca, no se puede pedir más. Las ventas mejoran y nuestro prestigio profesional sube como la espuma. A primera hora de la mañana recibimos las primeras imágenes de la matanza de Jerusalén. Al parecer, un kamikaze de Hamás se autoinmoló en el interior de un restaurante de lujo.
La escena lo dice todo. Escombros, pedazos de carne esparcidos por todos lados...un auténtico caos. En el fondo de la composición se adivinan los cuerpos inertes de dos ciudadanos europeos. Un hombre y una mujer. A ella se la distingue con meridiana claridad. Su rubia cabellera está tiznada de rojo y da la sensación de que sus piernas se han volatilizado a ninguna parte. El, sin embargo, conserva todos los miembros en su sitio, aunque de su boca mana un finísimo río de sangre. Se trata, sin duda, del cadáver con mayor clase de la historia. Todo un caballero.
No lo dudo ni un instante. Una hermosa instantánea como esta siempre merece el honor de aparecer en un lugar preferente de la portada. Mañana, joderemos el desayuno a más de uno. Al fin y al cabo, esa también debe ser nuestra obligación moral.
¿FIN?







giverny dijo
¿Seguira?
Besos
11 Octubre 2007 | 11:49 PM