Lo de Andrés Ortuño Salvatierra es pura vocación. Y eso que, desde muy niño, mamó el negocio familiar: "Pompas fúnebres, El Suspirito Postrero". Cuando sólo tenía seis años, su padre, Don Andrés, y su abuelo, Don Agapito, ya le iniciaban en el noble arte de presentarse ante el Altísimo en perfecto estado de revista. (Léase peinado y duchado para la ocasión).
--¿Lo ves, Andresín?, esto es un cadáver de categoría--, le decían extasiados sus progenitores, mientras perpetraban los últimos brochazos reparadores. Y el pobre fallecido, que horas antes había ingresado en el pequeño tanatorio con la cara destrozada, (dicen las malas lenguas que por un asunto de faldas), se asemejaba ahora a un Travolta desanimado y cariacontecido, incapaz de marcarse un mínimo twist.
Así que, con estos antecedentes, el bueno de Andresín no hizo más amigos que los fiambres semicalientes que iban aparcando regularmente en "Villa Panteón", nombre con el que muy correctamente fue bautizada la hermosa casona de los Ortuño.
--¡Andresín, coño!, cuántas veces te he dicho que aquí no se juega al fútbol, joder. Mira que si le das un balonazo a Don Tomás, (Dios lo acoja en su seno), la vamos a tener...--.
--¡Andresín, mecagoenlalecheputa. No te lo repito más. A pegar patadas a la pelota te vas a la calle, que los muertos los carga el diablo y luego se aparecen cuando menos te lo esperas--.
Pero lo que no sabían Don Andrés y Don Agapito es que el bueno de Andresín era un artista puro, al que no le amedrentaban ni zombies ni fantasmas. Una especie de roble en un bosque de cocoteros. Las técnicas tradicionales se le quedaron pequeñas. Por su cuenta, robando horas al sueño, el novísimo artesano practicaba a pie de óbito, a espaldas de sus maestros.
La muerte de Don Mariano Galarraga Escobal conmocionó a todo el pueblo. Indiano respetable, mecenas y filántropo ejemplar, (hizo fortuna en Cuba, de la mano del famoso ron, "El españolito audaz"), falleció irremisiblemente de una cirrosis hepática.
Las labores de restauración del cuerpo fueron arduas y complicadas. Don Mariano había sido un "bon vivant", de los de aquí te espero. Un calavera incorregible, demasiado acostumbrado a los vapores del licor añejo y a los pechos retadores de las mulatas.
Don Andrés y Don Agapito concluyeron su labor hacia las tres de la madrugada. Sudorosos y agotados echaron una última ojeada a su obra cumbre: Don Mariano, liberado de fluídos corporales molestos, presentaba ahora un rostro respetable. El rictus inflexible y formal, le otorgaba un aspecto reposado y convincente; el muerto soñado, sereno y resignado.
Andresín penetró en la estancia en torno a las tres y media de la madrugada con la sensación de estar viviendo en la clandestinidad. Las luces fluorescentes conferían a Don Mariano un aire de jefe del estado de rebajas. Entonces, sólo entonces, comenzó la magia.
Pequeñas piezas de plástico en forma de ojos, cremas de carne artificial, formol a discreción e incluso inyecciones de botox, siempre adecuadas a los criterios básicos de la tanatopraxia...
Muy pronto, los pómulos del envidiado vividor se hicieron masilla y las manos de Andresín, convertidas en pájaros traviesos, comenzaron a moldear aquí y allá, tirando de un lado y de otro, hundiendo las yemas de sus dedos en la carne blanca y desabrida, amasando y diseñando un nuevo concepto de la muerte misma.
A las seis de la mañana, Don Mariano ya estaba listo para ser presentado en sociedad.
La capilla ardiente abrió sus puertas con puntualidad británica. No eran aún las diez de la mañana cuando una larga hilera de curiosos, allegados y amigos se aprestaron a rendir su último tributo a tan ilustre finado.
Al frente de la comitiva, el alcalde y los concejales, vestidos de luto riguroso, se acercaron parsimoniosamente al imponente féretro. Pero cuando Don Andrés y Don Agapito descubrieron la caja, los ojos se les salieron de las órbitas.
Don Mariano lucía un envidiable moreno caribeño, desprovisto de cualquier tipo de arrugas. Su mandíbula, altiva y fuerte, rememoraba al emprendedor indomable que fue un día. Y lo mejor de todo: sus labios, sonrosados y carnosos, dibujaban una sonrisa amplia y satisfecha, idéntica a la que esbozó, alborozado, durante su último orgasmo.
El escándalo fue mayúsculo. A nadie le entraba en la cabeza que un muerto pudiera describir, de un sólo vistazo, la alegría de las horas trasnochadas ni los suaves efluvios de los amores primerizos ni mucho menos, el furtivo instante de la felicidad congelada en el gesto postrero.
--Un muerto como Dios manda, aseveró por fin, la máxima autoridad municipal, debe permanecer serio y circunspecto, convencido de que su trágico destino jamás puede ni debe ser envidiado por los vivos--.
Don Agapito murió de viejo, componiendo un adusto cadáver. Don Andrés trabaja solo, amargado, consciente de que la próspera funeraria no tendrá continuación más allá de su inminente retiro.
En cuanto a Andresín he sabido, por algún amigo en común, que vive en el sur de Estados Unidos. Sus revolucionarias técnicas del difunto feliz, han encontrado acomodo entre la comunidad baptista de la zona, convencida de que sus muertos deben enfrentarse al juicio final con la mejor de sus apariencias.
Cuestión de matices. Es obvio que en España, la muerte tiene muy mal carácter.
(Dedicado a la fotógrafa Elizabeth Heyert. Su visión de la muerte, me hace abrigar esperanzas de que existe otra vida mejor y, sobre todo, más divertida).
PINCHA AQUÍ Y VERÁS LOS ÚLTIMOS TRABAJOS DE ANDRESÍN(www.houkgallery.com/heyert-travellers/heyert.html.)

Ja,jaja!...Iñaki, las carcajadas han sido casi tan escandalosas como las que le dediqué al aizkolari, sólo que éstas se nan mezclado con cierto "repelús" tras ver esas personas "a la Galarraga" de las fotos de la Sra. Heyert (qué mala puede ser la curiosidad!).
Un beso.
Gracias, Haruzake. Ahora que se acerca el día de todos los santos en España, el día de los muertos en México, o el Halloween ese de los yankys, me pareció que era una buena ocasión para desdramatizar el asunto. Beso.
Iñakito.
Una historia diferente y muy bonita, ya que refleja lo que muchas veces pasa con los años en los negocios familiares.
Gracias Aeron. Dicen que los negocios familiares van desapareciendo, pero todavía existen locales con encanto. Besin.
Me encanta. Te aplaudo.. Andresín, me encanta tambén. Un.. hacha, de hoja de muerte, si, de esas. Smuacks!
Audrey (juas)
Me alegro que te haya gustado, Miriam. Si es que, los grandes artistas son unos incomprendidos..Beso gordo.
Iñakito.
Es que ese andresín era todo un artista jajaja.
Las fotos son escalofriantes. A mi que me entierren al natural, nada de maquillaje.
Saludos
Bueno, Mitchell, es que a dos metrosexuales, aunque varoniles, mozos como nosotros, no nos hacen falta zarandajas ni aditivos pot mortem. Que hasta las funerarias se pegarían por nosotros, no te digo más...
Muy buen humor. No conocía el trabajo de Heyert; muy peculiar y bien hecho.
Saludos
Muy buena la lectura pero te vo a contar algo que acabo de descubrir; al entrar en el link al final del post, me dedique a ver las fotografias, primero senti cierta alegria por ver como esas personas pasaban sus ultimos momentos en la tierra con una sonrisa, pero luego al seguir viendo las fotos me empezo a causar una especie de vertigo casi terror al imaginarme a mi misma con esa sonrisa en mi lecho de muerte, queria terminar de verlas pero no, me entiendes si? creo que se llama morbo.
Bueno, espero no tener pesadillas o esas cosas por k hoy me di cuenta k las fotografias de muertos me sugestionan un poco....
La buena noticia es k me voy con mi familia a pasar el dia de muertos!!!
GROS BISOUS!!!
Gracias, noesposible. Sí, es una fotógrafa muy especial. Lo que ya no sé es si dormirá bien por las noches... a mí me da un "poco-mucho" de vértigo. Beso.
Espero, Amelie, que te lo pases muy bien. Ya sé que en México es un día muy especial. Estoy de acuerdo contigo. No sé si me gustaría terminar mis días con ese careto de satisfacción o, por el contrario, con el gesto cabreado. En cualquier caso, las fotos son bastante inquietantes...Beso.
Iñakito.
Muy buena narración y divertida. Hay que desdramatizar la muerte, es algo tan natural como lo vida, cada día morimos un poco...en cuanto a las fotos, pues que quieres no me da yuyu ninguno haberlas vistos, si a los familiares les gusta que se los dejen así, pues perfecto:-)
Besos:-)
Cuestión de gustos. Al final, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Buen fin de semana. Beso vivísimo.
La historia está muy bien...pero a mi que me incineren...xD
Bueno, en estas cosas, como en todo, cada uno es cada cual. Yo aún no lo he decidido... Un besito, Mar.
Oigan exijo una explicación.. de cuales fotos hablan? Por más que me esfuerzo veo puro texto. Y quiero verlas bouahhhhh.. si asustaron a Piolina deben estar re buenas con el rictus mortem...
Y sí creo Iñaquito que tu y el Mitchell no ocupen ni angel face para estar guapitos aun fríos...
Y basta de tanta austeridad, cuelguen imagenes , widgets o aunque sea un link que somos visuales..
bechos
Tienes razón, Maguita, que una cosa es ser clásicos y deportivos, y otra, antidiluvianos. Tiempo al tiempo, que no soy Iñaki Gates sino más bien torpe Gates. Pero se intentará...algún día que Dios me ilumine. En cuanto a las fotos, inténtalo de nuevo y pincha el enlace. Si no lo consigues, te envío un comentario a ver si hay suerte. Besin.
Siiiiiiiiiiiiiii, en cuanto he empezado a leer me he acordado y del enlace también, he visto que ya te dejé comentario.
Un abrazo xiquet:-)
Muy bueno Iñaki. La verdad que aquí nos tomamos la muerte muy mal. En otros lugares la ven como algo incluso bueno, se van a un sitio mejor... y debe ser así, porque nadie vuelve...
Un abrazo!
Muy bueno Iñakito. A mi me gusta mucho más el planteamiento de Andresín, que quedes para la posteridad con buena cara y luciendo la mejor sonrisa, pero no todo el mundo lo ve asi...
BESITOS!!!!