Sofía Loren invertida

Invertida. Así es como ví a Sofía Loren por primera vez en mi vida. Ocurrió en el cine del colegio. La Loren aparecía deslumbrante, provista de un escote hipnótico, a punto de devorarse crudo al bello Marcello. En la sala se mascaba la tensión. Nada podía fallar. Una fracción de segundo después, los labios y los pechos se fundirían en una sola masa corporal y los ojos se entornarían a cámara lenta, igual que cuando probamos el chocolate caliente. (¡Oh, el delirio!).
El silencio era puro grito, las manos comenzaban a sudarme y los dedos de los pies se arrebujaban como contorsionistas ciegos en el interior de los zapatos. (¡Oh, la sicalipsis!). Pero entonces, apareció él. El Hermano Matías, el de los capones más rápidos al otro lado de Dodge City. Y...¡zas!, desde la cabina de proyección, (¡oh, el hijoputa!), sitúa la imagen del revés. Con un par. La Loren y el Mastroianni haciendo juegos de acrobacia, cabezas abajo, en una especie de kamasutra a la italiana.
Y en el patio de butacas, que se produce el primer trauma infantil de carácter simultáneo y colectivo: 200 adolescentes embrutecidos, con la caras llenas de granos y ansiosos de sexo iniciático, disparan sus piernas al techo, a punto de desnucarse, intentando captar la técnica del beso a tornillo.
Claro que, después, vinieron más películas. Pero en un tiempo en el que la censura estaba a la orden del día, (igual es que a Franco le ponía más la lectura), el cine en España era infumable. ¡Hay qué ver los rollos patateros que nos hacían tragar a los pobres niños!. (En aquel entonces, los tiernos infantes no compartíamos colegio con las niñas, vaya por Dios).
Sesión matinal. Título de la peli: "Maciste contra los gigantes". -Coño, una de romanos, pensabas entusiasmado, mientras visualizabas a "Ben-Hur" mojándole la oreja al cabrón de Mesala. ¡Pues vas listo, Evaristo!. De pronto va y sale un tío en plan halterofilia salvaje, agarra un pedrusco, (que ya se veía claramente que era de cartón piedra y que no pesaba nada), y ¡hala!, a aplastar gigantes a troche y moche. Y así, durante dos horas. Joder.
Sesión de tarde. Título de la peli: "Maciste contra el Minotauro", que no sé yo qué pinta el asunto griego en una de romanos. Es igual. Y va, y sale ¡el mismo tío!, con el mismo taparrabos que, con ese trajín, tenía que oler a tigre que te mueres, arrojando pedruscos como un poseso. Y el pobre Minotauro, (que se notaba a la legua que llevaba un disfraz cutre y salchichero), venga a recibir ostias por todos los lados.
Bueno. Y las de Tarzán. Que en vez de tirar de liana el Johnny Wismuller y la Maureen O´Sullivan, (que, para qué os voy a engañar, estaba como un queso de bola con aquel sugerente vestidillo de Wilma Picapiedra), coge, agarra y se presenta un individuo patético con un tupé rubio platino, que a primera vista te resulta familiar, como que te suena de algo. No puede ser. ¡¡¡Hombre...!!!, un poquito de caridad cristiana, que es el mismo actor, (?), que interpreta a Maciste, esta vez sin pedrusco, y de la mano de la mona Chita...que, naturalmente, tampoco era Chita.
¿Y las de Fantomas?. Puaff, aquellas eran de abrigo. Allí salía el Louis de Funes, el "actor cómico" francés por excelencia, (el Altísimo lo tenga en su gloria), haciendo el papel de inspector de policía tonto. Como Peter Sellers, en plan Clouseau, pero en barato, del tipo de todo a 100. Y luego estaba el Fantomas. Un delincuente futurista, (es para mear y no echar gota), más malo que la carne de pescuezo, que era calvo y tenía la cara de color verde.
El final siempre era el mismo. (Final abierto, que dirían hoy los sabidillos). Cuando el poli gilipollas le iba a detener, el perrote del Fantomas se las piraba ¡volando!, (sí, habeis leído bien, ¡volando!), en su Citröen Tiburón, al que le salían dos alas, pura tecnología Bond de mercadillo.
Y así podría estar dos días, hablando del impresionante acervo cinematográfico que adquirimos los de nuestra generación en aquellos bonitos años de palo y tentetieso. ¡Cómo para montar un cineclub, de esos de arte y ensayo!.
¡Ah!, se me ovidaban las pelis de Drácula y las de Abott y Costello y las de...¡vale, vale!. Lo dejo para otro día. ¡Cómo os ponéis por nada!. Encima que intento ampliar vuestros horizontes culturales quitándome horas de sexo...Pero que conste que vosotros os lo perdéis, que las de Drácula, no tenían desperdicio...








harukaze dijo
Ja,ja,ja,ja...
Sí, sí, Iñakito,guapo, dosifíca el relato, que me quedan unas cuantas tardes de trabajo y vienen bien unas cuantas carcajadas para despejar...
Por cierto, te encuentro muy quejica; la primera vez que ví Ben Hur, Charlton Heston y los demás galeotes remaban a 100 fotogramas por segundo y mira con qué entereza lo recuerdo..., una vez "adoptado", el metraje y el tiempo recuperaron la normalidad... (Cielos! en qué cine fué?)
27 Octubre 2007 | 08:20 PM