DOS ORACIONES PARA 2.008
HUMILDEMENTE
Me inclino humildemente
para pedir al cosmos que nos mira
no más egoísmo asesino. Nunca más
discriminación ni fanatismo cósmico.
Que ya sé que estas cosas son más propias
del hombre solo, sin apenas sombra,
que no sabe que es querido
y, por lo tanto,
hiere mortalmente a sus hermanos
con el hacha de la cruel indiferencia.
Humildemente exijo más luz en la penumbra.
La noche dura 25 horas
y los topos
campan a sus anchas, como ratas,
en busca de bebés recién nacidos.
No más rencor, no más venganza.
No más. Aquí y ahora
podría enumerar 2.008 buenas razones
para mudar la piel de la serpiente,
para romper el cáliz desbordado
por la sangre coagulada de la inquina
y que regrese caudalosa y reluciente,
a las arterias comunes, mestizadas.
Humildemente pido un ancho espejo
al que poder clavarle las pestañas
sin los remordimientos caníbales de antaño.
En el que reflejar, de un sólo pupilazo,
los rostros de aquellos que transitan
por los mismos caminos que nosotros
sin saber donde ir. Un gran cristal
al que mirarnos desnudos y a la cara
y comprobar, con un sencillo parpadeo,
que los que se marcharon de fría madrugada,
los que tanto queríamos en vida,
son felices más allá de los relámpagos.
Humildemente pido, sólo pido,
poder sentirme un árbol
con las raíces plantadas para siempre,
en el corazón de un niño sorprendido.
Humildemente, AMÉN.
AHORA QUE SE ACERCA EL FRÍO
Ahora que se acerca el frío
Señor te exijo un poco
de caridad cristiana.
Si te acuerdas de nosotros,
impide que la máquina afilada
mutile los dedos del obrero.
Ni permitas que las manos de la ira
desfiguren el rostro de mi hermano.
Yo sé que estás tan ocupado
con los asuntos trascendentes de la muerte
que apenas tienes tiempo para aquellos
que habitamos en el terrenal infierno.
Aún así,
no consientas, Señor,
que el dolor contamine la enfermedad del débil,
ni tampoco,
que la miseria se instale como el hambre homicida
que hincha las barrigas de los niños.
Hoy te sugiero, Señor, que des consuelo
a los ancianos solos.
A las solas mujeres que cambiaron
las caricias desnudas por los puños,
a los que soñaron con otras latitudes
y hoy malviven desterrados y ateridos.
Te requiero, Señor, por tantas cosas
que he perdido la cuenta. Sin embargo,
si un día pasas por aquí, y al fin nos miras,
como miran los padres a sus hijos,
verás que no te miento.
AMÉN.













Fernando dijo
asi sea.
Ten muy buen dia
8 Diciembre 2007 | 11:17 AM