SHOW BUSINESS

(Fotografía : F. Pérez Nievas. Diario de Noticias de Alava)
Para quienes no hayan oído hablar de Jaime Jiménez Arbe, más conocido como "El Solitario", (esto va más que nada, para mis amigos latinoamericanos), les diré que se trata de un curioso individuo al que acusan de haber asesinado a tres agentes del orden y de cometer más de una treintena de atracos. Aficionado al disfraz y experto en el manejo de las armas de fuego, "El Solitario" ha sido, durante algunos años, la auténtica pesadilla de las fuerzas de seguridad españolas.
Tras ser detenido en Portugal, fue trasladado a nuestro país, donde ha prestado declaración y ha sido sometido a diversas pruebas psiquiátricas. Dicho esto, y sin entrar a valorar si Jiménez Arbe es culpable de los cargos que se le imputan, (eso lo tendrá que determinar la autoridad competente), me gustaría referirme a los hechos que tuvieron lugar a mediados del pasado mes de enero en el Palacio de Justicia de la localidad de Tudela.
La llegada de "El Solitario" a este hermoso pueblo navarro estuvo rodeada de una expectación inusitada provocada, en buena medida, por la enorme atención mediática que se le ha prestado al personaje. Hace tiempo que los medios de comunicación, enredados en su particular guerra de audiencias, decidieron convertir a "El Solitario" en un bandido de leyenda, como si se tratara de un actor cinematográfico, cuando, en realidad, y esta es mi opinión, no es más que un vulgar delincuente con serios problemas mentales.
Si a este hecho añadimos que nos encontramos en plena precampaña electoral os podéis imaginar la puesta en escena. Tanto las autoridades autonómicas como las autoridades nacionales decidieron mostrar al encausado como un trofeo de caza. Las inmediaciones de los juzgados, atestadas de curiosos desocupados, se vieron invadidas por agentes policiales de todos los colores, Guardia Civil, Policía Nacional, Policía Foral y Policía Municipal...un despliegue desmesurado y artificial promovido por los políticos de turno que reivindicaban así, su cota de participación en la captura de tan "insigne" ladrón.
Cientos de personas armadas con cámaras de fotos y vídeos, transformados en improvisados francotiradores del morbo, permanecieron apostadas durante horas en los aledaños, con el único propósito de inmortalizar la llegada del presunto asesino. Pero lo peor aún estaba por llegar.
"El Solitario" fue conducido ante el juez encargado del caso a través de un pasillo vergonzante y efectista, una especie de corredor de la ignominia, a la vista del populacho justiciero que no dudó en vejarle verbalmente. Quedaba así expuesto, de forma impresentable e interesada, al ojo público e inmisericorde de las cámaras de televisión, (24 en total), y de los gráficos en general.
El circo de la España más negra se completaba con la noticia de que algunos particulares habían decidido alquilar sus balcones, para poder disfrutar con mayor comodidad del evento, por el "módico" precio de 300 euros.
Una democracia que se encuentre en sus cabales no debe prestarse a este tipo de juegos. Lo sucedido en Tudela nos llama a la reflexión. Un presunto criminal, por muchas barbaridades que haya cometido, no puede ser tratado como un animal acosado, ni ser sometido a los bajos instintos del pueblo.
El escrupuloso respeto de los derechos humanos, el respeto a la dignidad de las personas, (de cualquier persona, incluído "El Solitario"), debe ser la norma insobornable de un sistema político mínimamente civilizado.
Llevaba varios días dándole vueltas a este suceso y hoy, por fin, he decidido sacarlo a la luz. Yo estuve en Tudela y, a pesar de los días transcurridos, aún no he sido capaz de sacudirme la profunda sensación de asco que siempre precede al acceso del vómito.


















arori dijo
Me parece increíble que alguien pague 300 € por ver a un delincuente, todavía por ver a una personalidad, a los príncipes o que se yo, pero a éste...
Discrepo en alguna cosa: a algunos les viene bien merecido los insultos de un pueblo. No juzgo si al solitario si o no, pero por ejemplo a los etarras o a los maltratadores, gente que se sabe a ciencia cierta que ha matado, muchas veces por placer. Esos se merecen lo peor, que los dejen en medio de un pueblo, y verás como estos hacían justicia. Por que al final, como mucho a los 30 años están en la calle, y ala, a seguir matando.
Luego que la gente es muy cotilla, porque vamos, formar tanto revuelo por cazar a un atracador... no es para tanto no? Veremos ahora que no está el tomate si el resto de programas se hacen tanto eco de estos asuntos... aunque lo peor es que cada vez más las noticias entran al trapo y al morbo...
Besitos Iñakito!
4 Febrero 2008 | 05:26 PM