EL MACUTO DEL CHORRA
Ele Gallerani y Wonder, (las muy canallonas), me invitan "amablemente" a participar en un meme relativo al mundo del bolso, complemento que como todo el mundo sabe es consustancial al género masculino, (jódete y baila).
Bien. Hubo una época en la que yo usé...¡un macuto!. Sí, como suena, ¡qué pasa!. Al próximo que se descojone le meto. Y no os partáis tanto la caja porque os juro por estas que, en aquellos años, se pusieron de moda entre los tíos.
Los macutos, para que me entendáis los menos avisados, eran una especie de bolsos potrosos y unisex de color verdoso, similares al que os muestro en la foto. (Ya lo siento, pero es que ha sido imposible encontrar un ejemplar idéntico a aquella joya).
Ah, qué tiempos aquellos, pardiez. Años estudiantiles, melena rizada que te cagas, pantalones vaqueros deshilachados, safaris, (en vez de zapatos clásicos), camiseta raída y para acabar de rematar el cuadro...¡el joío macuto!, juas, juas.
Claro que, con esa pinta daba más miedo que otra cosa. Mis padres flipaban en colores y se preguntaban en la intimidad de la alcoba : ¿será de la otra acera?, ¿será un vago?, ¿será de la ETA?, ¿será un gamberro?. Pues no. Símplemente era un chorra en pleno periodo de expansión vital, joder.
¿Y qué creéis que llevaba en el macuto?. Ajajá. Varios libros de cabecera. Que yo recuerde : "El lobo estepario", "Siddharta", "El almuerzo desnudo", "On the road" y una antología poética de Luis Cernuda. Bueno, más o menos. ¿Qué por qué llevaba una biblioteca andante a todos lados?. Pues porque era chorra, ya os lo he dicho. Es el típico alucine intelectualoide que te pega cuando te crees el más listo del barrio. ¿O es que nunca habéis sido jóvenes?. Pues eso.
--Qué Iñakito, ¿te lías un peta?--.
--Un momento tío, en cuanto termine el libraco del Henry Miller, que lo primero es lo primero--.
--Pues estamos apañados. ¡Si aún te falta más de la mitad...!--.
--Pero qué ignorantes sois, rediós. Sólo pensáis en el vicio. ¿Vergüenza me da ir con vosotros!. Ejem, hala, Perikín, hazte un porrito que ya estás tardando, majete--.
Pero al margen de los libros, el macutillo incluía más cositas, je, je. Un hermoso pastillero de cristal italiano, (que aún conservo), donde guardaba mis piedrecitas de hash, un par de paquetes de "Celtas cortos" y "Bisontes", (ya os he dicho que era estudiante y por lo tanto no tenía un puto duro), y el papel de fumar, básicamente de la marca "Abadía".
Claro que esa fiebre pseudo "jipi-marxista-libertaria-fumeta", duró el tiempo que tuvo que durar. Terminados los estudios y encauzado por el recto camino laboral, alguien tuvo la genial idea de obsequiarme con un maletin de ejecutivo agresivo, de piel de Ubrique de primera, muy bonito y tal, con el que jamás salí a la calle por pura vergüenza. Hombre, pasar del humilde y pordiosero macuto al maletin de los cojones, tampoco era plan, ¡que yo soy muy tímido!.
El maletin acabó en manos de Jesús, un colega que acababa de abrir un pequeño negocio y al que le venía muy bien para aparentar y llevar dentro el bocata de mortadela.
--¡Si pareces un Ministro!--.
--Chico, qué se yo, como que no me veo...--.
--Eso te pasa porque no tienes altura de miras, chaval. Si quieres que la clientela te considere un lince del bisnes, debes dar una imagen potente y señorial--.
--¿Tú crees?--.
--Lo que yo te diga, Jesusín. ¡Si estás hecho un brazo de mar...!. A que sí, Carmencita, díselo tú...--.
--Hombre, será como dices, pero a mí me parece está hecho un gualtrapas...--.
--Buah, vaya par de dos. No tenéis ni puta idea de las nuevas tendencias. En esta vida, como te ven te tratan--.
--Pues entonces me parece que a este le van a tratar a hostias--.
--Venga, venga, no se hable más. Dáme mil duritos y ya es tuyo. Y mira que me pillo los dedos. ¡Buena pena me da desprenderme de él...!, ¡menuda bicoca!--.
Bueno, me queda por hablar de la referencia principal. ¡La cartera!. Ahora mismo la saco del bolsillo trasero del pantalón y os cuento qué llevo encima. Un momento. A ver...40 euros, la tarjeta del corte escocés, la tarjeta de la Caixa, la tarjeta sanitaria, la tarjeta acreditativa del curro, la tarjeta de visita de un abogado, (con más trampas que el insigne letrado Rodríguez Menéndez), el Documento Nacional de Identidad y... un calendario del año pasado con el escudo del Athletic. Coño, qué desfase. En fin, nada original, qué queréis.
La verdad es que nunca me han gustado los bolsos masculinos. Y mucho menos las mariconeras y las riñoneras. Quien inventó semejantes horteradas debería ser fusilado al amanecer
Eso sí. A mí, lo que de verdad me produce pánico, es abrir el bolso de una mujer, ese pozo sin fondo, en el que jamás encuentras lo que buscas por mucho que te empeñes, lleno de recovecos traidores, de compartimentos secretos camuflados a base de cremalleras, cremalleritas y cremallerotas. ¡La monda!.
Los psicólogos deberían tomar buena nota de estos artilugios del diablo. Acerca de los objetos inservibles almacenados en ellos, se podía escribir más de un ensayo clínico.
P.D. Hoy me siento sandunguero y voy a nominar. Nomino a todos los amigos de la Cocte, (tíos, of course). A ver si hay huevos.















fenicia dijo
Hola vasquito,mira que bien has echo el encargo,que bien cuentas lo del macuto,el maletin y la cartera,con esa pincelada de húmor que pones a lo que escribes.A mi tambien me han nominado a lo del bolso y si llevo,pero poco dentro,la cartera,las llaves,un cepillo para el pelo y nada mas,anque parezca raro,hasta olvido los pañuelos de pápel.Es cierto,como te lo digo,me gusta llevar bolso,agarrarme a el,me dá seguridad,pero semi-vacio aunque sea grandón.Si voy de viaje o al médico ya se añaden mas cosas pero habitualmente eso porto y tiene tan poco que contar que a que hacer el post.
kisses
19 Marzo 2008 | 11:57 AM