¡¡¡AAATTT...CHÍSSS!!!, (JESÚS)
(Iñakito en su domicilio, pasando la tarde junto a un vecino de tantos. Fotografía, by Shultz).
Creo que estoy en lo cierto cuando afirmo que la intimidad del hogar es un artículo de lujo. No tengo nada contra el noble gremio de la construcción pero hay promotores que deberían engrosar las listas internacionales de los terroristas más buscados.
Es lo que tiene ser pobretón, que vives en un bloque de pisos cuyas paredes son de cartón piedra o de papel de fumar, según el caso.
--Ssshh, baja la voz que te van a oir los vecinos--.
--Coño, pero si estoy hablando en mi tono normal...--.
--A ver si van a pensar que discutimos y nos llevamos mal...--.
--Pues mira, así se enteran de que todos los martes y los jueves me sometes a malos tratos psicológicos...--.
--¿A que te doy un moquetón y así tienes motivos para quejarte?--.
--Joder, que seca eres, cari...--.
--¡PLAS!--.
--Yo también te quiero, Churri--.
La verdad, es que mi relación con estos vecinos invisibles, aunque omnipresentes, siempre ha sido muy peculiar. Ya de recién casados tuvimos la desgracia, (o la suerte, según se mire), de soportar una especie de serrallo en el piso de arriba. La escalera se convirtió en una pasarela "putiferil" de lo más interesante, sobre todo para el personal masculino de la comunidad. Estabas viendo la tele...y se escuchaba todo. ¡Qué guapo!.
--Ñaka, ñaka, ñaka...--.
--Anda, sube el volumen que con con este jubileo no me entero de nada--.
--Ñaka, ñaka, ñaka...--.
--Calla, calla, que esto es más interesante, menudo poderío, ¡si llevan tres horas sin parar...!--.
--Ñaka, ñaka, ñaka...--.
--Ah, ¿sí?. Toma nota chaval, que últimamente tienes menos detalles que un Seat Panda--.
--Ñaka, ñaka, ñaka...--.
--Churri, no te lo vas a creer, pero a mí este ñaka-ñaka, es que me pone, ¿eh?, anda, vamos al himeneo que comienzo a estar inspirado...--.
--Lo que te faltaba, moreno, encima con ayuditas...--.
Recuerdo que un día llamaron a la puerta. Pensé que se trataba de los inoportunos y habituales Testigos de Jehová y no iba del todo mal encaminado porque la visita era... ¡divina!. Frente a mí, dos diosas, (un par de mulatonas de quitar el hipo), reclamaban unas braguitas de su propiedad que se habían quedado sutilmente prendidas en nuestro colgador de la ropa.
Cuando la Churri nos vio a los tres departiendo amigablemente en el saloncito de casa, se agarró un mosqueo de cojones.
--¡Pero qué desfachatez...!. Y vas tú, ¡y les abres la puerta...!--.
--¡Hombre!, ¿Y qué querías que hiciera?. Somos vecinos, ¿no?--.
--Ya, ya, vecinos...¡menudas lobas!--.
--Pobres muchachas descarriadas..., (snif), ¡deberías tener un poco más de caridad cristiana...!--.
--No, si de eso a tí te sobra. ¡Mira que invitarles a un vermú...!--.
--Bueno, ejem, yo siempre he sido un caballero español...--.
--Y encima vacilando. ¿A que te doy un trastazo?--.
--¡Celosilla...!--.
--¡PLAS!--.
--Yo también te quiero, Churri--.
Hace tres años, cuando llegué a Pamplona, me instalé en un sexto piso, muy cómodo y tal, y bastante bien insonorizado. Y claro, comparado con el ambientazo que teníamos en nuestra anterior residencia, aquello nos pareció un convento de clausura. Pero una noche loca, de esas de aquí te pillo aquí te mato, saltó la sorpresa.
--¡Ah!, ¡uh!, ¡sí! ¡ah!, arfs, arfs, ¡uh...!--.
--Requete ¡ah!, ¡sí!, ¡uh!, arfs, etc...--.
--¡¡¡Atchísss...!!--.
--¿Einnn...?--.
--¿Has oído?--.
--Hostia, un estornudo...pero si ha sonado aquí mismo...¡JESÚS!--.
--¡No seas payaso, hombre...!. Pues tú dirás, pero no creo yo que haya sido un fantasma...--.
--(En voz baja). ¡Claro!, debe ser un vecino del bloque contiguo. ¡Su dormitorio comparte pared con el nuestro!--.
--Pues ya te puedes ir olvidando de estos ratillos tan sandungueros porque, a partir de ahora, yo a esta cama sólo vengo a dormir...¡Delante de este tío, ni me desnudo!--.
--Pero mira que eres exagerada, Churrita, si será un viejecito solitario que hace años que no reverdece sus ramicas. Mira, no hay mal que por bien no venga. Nosotros a lo nuestro y de paso, ¡le damos una alegría al pobrecillo!--.
--¡Iñakito, no me calientes más que te doy un pescozón!--.
--¡Desde luego, qué poca sensibilidad tienes para con la tercera edad!. No, si ya lo estoy viendo. En un par de años me dejas abandonado en una gasolinera...--.
--¡PLAS!--.
--¿Ya te he dicho que yo también te quiero, Churri?--.
Desde aquel día vivo en un "ay". Da la casualidad de que el cuarto de baño también es un territorio común. Mi vecino y yo nos levantamos prácticamente a la misma hora. Nos duchamos al unísono y ambos escuchamos el transistor mientras nos enjabonamos. Él, la COPE, (hay que ver lo que grita Federico), y yo Onda Cero.
Sospecho que es un fumador empedernido. Lo imagino porque todas las mañanas se despierta con una tos descacharrada, mortal de necesidad. Creo que es divorciado. Algunos fines de semana, su casa se llena de voces infantiles que convierten mi descanso en un auténtico infierno.
¡Ah!, y también es aficionado al bricolaje. Bueno, para ser sincero, sólo al puto atornillador y básicamente durante los días festivos, manda huevos...
No le conozco personalmente, supongo que vive en la zona trasera de mi edificio. Pero una cosa es segura. Alternamos en los mismos bares y cafeterías de la zona y hasta es probable que nos saludemos y hasta hayamos compartido birra y tabaco.
A veces pienso que me gustaría saber que cara tiene el cabrón que me obliga a ir a la cama exclusivamente a dormir, mientras me empuja a hacer el amor en los sitios más insospechados, incómodos y absurdos de la casa, lejos de sus lascivos estornudos. ¿Que no os lo creéis?. Mirad, mirad, no os perdáis detalle.
--(Voz musical). Iñakiiiitooo, estoy en el pasilloooo--.
--(Doblando el periódico). ¿Desnudiiitaaa?--.
--Ven tu mismo a comprobarlooo--.
--Voy volandooo. (Joder, las cosas tan raras que tengo que hacer en pro de la felicidad conyugal...)--.
No, si todavía tendré que agradecer al hijo puta del vecino estos ratos de sexo clandestino...





















Fernando dijo
Buena tarde Iñaki...
31 Marzo 2008 | 06:18 PM