EL MEME DE LA FRESQUERA
Mi amiga Gwenda me propone un curioso meme relacionado con mi nevera y su estética exterior. Primer problema. Aún no sé cómo hacer una foto y estamparla aquí, en mi bitácora. (Prometo mejorar mis prestaciones, un poco de paciencia). Segundo problema. Mi nevera podría formar parte del mobiliario doméstico de cualquier convento franciscano. En serio. Es de un austero que dan ganas de llorar. Por no tener, no tiene ni la típica "pegata" magnética del fontanero de guardia...
Pero mientras me devanaba los sesos pensando en cómo salir del paso recordé, de pronto, aquellas fresqueras que conocí en mi niñez. Mi abuela tenía una, de color azul claro. La fresquera, antecedente natural de los actuales frigoríficos era en algunos casos, una estancia completa de la casa y en otros, un simple mueble.
La fresquera de mis abuelos, un sencillo arcón de madera en el que los alimentos se conservaban durante un tiempo prudencial, estaba orientada al norte y situada al final de la cocina, justo a la entrada de la pequeña huerta ajardinada.
Para una mente fantasiosa como la mía, (un crío de pantalón corto y de ideas muy largas), la fresquera se asemejaba a una especie de cajón mágico del que surgían las más variopintas y suculentas viandas.
Pero el curioso artilugio era algo más que un "electrodoméstico" primitivo. Ahora, cuando visualizo sus hechuras rústicas, su imagen humilde y semiolvidada me traslada en volandas a aquellas comidas veraniegas que la familia al completo celebraba en ese pequeño vergel del que os hablo. Mediodías infantiles, despreocupados y felices, en los que sólo se escuchaban el canto de los pájaros y las risas de mis padres, de mis tíos, de mis abuelos y de mis primos.
No había tantos adelantos como ahora, pero nadie se quejaba en exceso, esa es la verdad. Nos bastaba con jugar e imaginar que la vida también tenía forma de fresquera, de una fresquera especial, capaz de conservarnos intactos, felices para siempre.
Años después, mis abuelos fallecieron, algunos de mis tíos, (la mayor parte de ellos), murieron e incluso mis padres decidieron pasar a mejor vida. De mis primos, apenas se nada, (cosas de la vida y de las personas), y la casa familiar fue derruída con el único y absurdo objeto de dejar paso a esos horrorosos bloques de pisos impersonales.
La desaparición de la fresquera supuso la pérdida de mi inocencia. La llegada del moderno "frigidaire", antecesor inmediato de la popular nevera, coincidió con el final de una época maravillosa y con el comienzo de la cruda e irremediable realidad.
Hoy, a pesar de los años transcurridos, quiero recordar emocionado, a aquellos abuelos que me lo dieron todo y a aquella familia tan unida que, sin embargo, no supo perpetuarse a través del cariño inherente a los lazos de sangre.
Es el signo de los tiempos, a veces mejores y a veces peores, que me han tocado vivir. Pero a pesar de todo, mi infancia aún me pertenece. De hecho, sigue durmiendo, plácidamente, en el interior de una fresquera azul.

















fenicia dijo
yo tambien recuerdo las fresqueras que relatas y luego las neveras esas con hielo en barras,con un grifo que luego al ir decongeladose salia por ahi como agua fresquita.
Muy bonito post vasquito pref...¡ya sabes que sigue!
8 Abril 2008 | 08:17 PM