BALADA DE LAS PUTAS TRISTES
No recuerdo muy bien si eran cuatro o cinco. Sea como sea, todos los días, a eso de la una de la tarde, llegaban a la terraza del Bar de Roberto y daban buena cuenta de un porrón de cerveza con gaseosa y de unas patatas fritas.
También he olvidado sus nombres. Pero de lo que sí estoy totalmente seguro es de que eran unas putas primerizas, recién llegadas al oficio. Genuino producto nacional.
Nosotros, pálidos adolescentes, las observábamos con disimulo mal contenido y curiosidad morbosa. Y eso que, sólo de vez en cuando, las diosas del sexo de pago nos obsequiaban con la extraordinaria visión de un escote generoso o de un muslo furtivo.
Ha pasado demasiado tiempo. Por eso debéis disculparme. Mi frágil memoria tan sólo conserva lo fundamental de la historia.
La Rioja. Agosto de 1.977. Por aquel entonces, mi sobrina Lorea tendría unos seis años. Estoy hablando de una niña vivaracha, graciosa y locuaz que hablaba con la "zeta". Un prodigio de descaro y naturalidad que conseguía dejar atónito al personal con sus ocurrencias.
--Tío, ¿me llevaz de pazeo?.
--Vale. Pero díle a mamá que te ponga el jersey, que hoy hace fresco.
--¿El jerzei roza?.
--¿A tí cual te gusta?.
--El roza.
--Venga, pues ese mismo.
Alternar con la cría era un puro espectáculo. Mis amigos se lo pasaban en grande.
--¿Tienez novia?.
--No, monina.
--Puez erez muy guapo.
--(Carcajadas). Gracias, tú tampoco estás mal.
--Bueno, puez zi no te quiere nadie, yo zeré tu novia.
--Eres muy considerada.
--Zí.
("La Toilette", 1.889-1.891. Obra deToulouse Lautrec).
Aquel mediodía, como otras tantas veces, mi sobrina y yo acudimos al local de Roberto.
--Tío, hoy quiero Kaz de naranja.
--¿No te apetece una Coca-Cola?. Qué raro...
--Ez que el Kaz eztá máz rico.
--.Bueno. Pero no te muevas de la mesa que voy a pedirlo a la barra.
En el interior de la cafetería, atestada de parroquianos, su propietario se multiplicaba por tres.
--¿Caña de cerveza y Coca-Cola?.
--Caña y Kas de naranja. La enana tiene gustos refinados.
--¡Demonio de chavala!, ¡nos tiene comido el coco ...!
Pero el buen humor desapareció de golpe en cuestión de segundos. Cuando salí al exterior se me vino el mundo encima : mi sobrina había desaparecido. Una sensación de pánico sin límites se enrroscó en mi columna vertebral como una serpiente nerviosa.
Miré a un lado y a otro sin ver nada, tal era el agobio que se me amontonaba en la garganta. Pregunté a unos y a otros pero no hubo caso. Resuelto a acudir, a toda prisa, al cuartel de la Guardia Civil, detuve mis pasos en seco al escuchar unas risotadas procedentes del extremo más alejado de la terraza. Entonces la ví. Plácidamente sentada. Charlando animadamente con las putas.
--¡Ven, tío!. Mira que chicaz tan zimpáticaz.
--(Visiblemente nervioso). ¿No te había dicho que no te movieras del sitio?. ¡Vaya susto me has dado!. Mañana no te saco a la calle.
--La culpa ha sido nuestra, interrumpió dulcemente una de ellas mientras se acomodaba el sujetador. La niña no ha hecho nada, ¿verdad, cielo?. Pero, por favor, no te quedes de pie como un pasmarote...
--Bueno, yo...
--(Cachondeo general). Anda, vénte con nosotras, que no nos comemos a nadie.
--(Tirando del pantalón). Zí, tío, ya veráz que majaz zon. (Dirigiéndose a la más joven). Y tú, ¡qué ojoz tan preciozoz tienez...!
--Sí, nena, es que me gusta maquillarme antes de salir de casa...¿Quieres pintarte un poquito?
--¡¡¡Biennn...!!!.
--Hombre, no creo yo que sea necesario...
--Tú calla, chaval. Si la niña se lo va a pasar de cine, ¿a qué sí, tesoro?.
--Zí.

("Tristeza". Obra de Pilar Bamba).
Después de aquella escena, mi sobrina y yo compartimos a menudo cerveza y Kas de naranja con aquellas hembras tan especiales, haciendo oídos sordos del cotilleo general. Lorea se había convertido en su talismán, en una especie de antídoto contra el dolor y la tristeza.
Es verdad que alguna que otra vez coincidí con aquellas mujeres en el pueblo. Pero si iban acompañadas de sus chulos, preferían pasar de largo para no comprometerme.
En cierta ocasión, y en plena vía pública, pude ver como uno de aquellos hombres desalmados le propinaba una paliza a una de ellas hasta conseguir arrebatarle un fajo de billetes, ante la indiferencia general de los transeúntes.
A finales de mes, y sin previo aviso, dejaron de acudir al Bar de Roberto. Indagué hasta lo que pude y, por fin, alguien me dijo que se habían instalado en la capital, en un nuevo club de alterne.
--Tío, ¿ya no vienen laz chicaz?.
--No, se han marchado a otro lugar.
--¿Ze habrán enfadado con nozotroz?.
--No, cariño. Lo que pasa es que tienen familia y niños a los que cuidar. Pero ya verás como vuelven por aquí cuando menos te lo esperes... ¿Y eso?, ¿qué llevas en el bolsillo?.
Lorea deposita sobre la mesa un pequeño estuche de maquillaje.
--Ez un regalo. Para pintarme yo y pintar a miz muñecaz.
La vida tiene estas cosas. Hoy, mi sobrina es una mujer adulta que ni siquiera recuerda lo ocurrido.
Pero cuando indago en el fondo de mi corazón, aún puedo escuchar las voces de aquellas putas tristes a las que la inocencia de una niña hizo reir, mientras bebían cerveza con gaseosa y comían patatas fritas.
















la-cocina-de-samira dijo
Qué vida tan dura y difícil la de estas chicas ..........
Tu sobrina fue ese soplo de aire fresco que seguramente las hacía evadirse de la realidad en ese ratito libre de cerveza con gaseosa, coca cola y kas...........
Besitos y buen comienzo de semana.
19 Mayo 2008 | 06:42 PM