Aunque sólo era un niño recuerdo a Carlitos perfectamente. Cuando me refiero a Carlitos, de modo tan familiar, estoy aludiendo al gran Carlos Gardel. Entonces pensaba que Carlitos era algo así como un pariente más o menos cercano que cantaba estupendamente. Mi padre tenía todos sus discos y los ponía a menudo. Siempre entre aromas de café, tabaco y brandy.

--Ssssh, calla, ¿no ves que está cantando Carlitos?.

Y yo, hipnotizado por la cadencia de aquel ritmo extraordinario, dejaba de trastear por la habitación y afinaba el oído.

--Es bonito...

--Ssssh...

--Canta muy bien...

--(Sonriendo). ¿Te gusta?.

--Mucho.

--Se llama tango.

--¿Tango?.

--Sí, viene de Argentina. Fíjate. Este se titula, "Volver".

En aquellos tiempos nadie decía Argentina salvo mi padre, que era un señor muy leído. Todo el mundo, en España, conocía aquel país como La Argentina. Allí residían el tío Poli y la tía Amara, que recalaron en Buenos Aires en busca de un futuro mejor. Cuando regresaban a Bilbao, de vacaciones, viajaban en un coche americano. Igualito a los que aparecían en las películas de Rock Hudson y Doris Day.

--A este tipo de automóvil se le conoce como "Haiga", solemnizaba mi padre.

--¿"Haiga"?.

--Sí. En Argentina todos son así, ¿verdad Poli?.

--Y sí...así es, boludo, "ayí" son enormes, viste. Cuando seás grande vos también tendrás un carro como este, ¿no es "sierto"?.

Mis tíos ya no hablaban castellano. Bueno, es un decir. En realidad, pronunciaban un español dulce y melódico que me fascinaba.

--Los tíos dicen las palabras como Carlitos.

--Sí, claro. ¿No ves que viven en Argentina?.

--¿Esta muy lejos Argentina?.

Por toda respuesta, mi padre descolgó un atlas enorme del último estante de la biblioteca y me mostró el mapamundi.

--¿Te das cuenta?. Nosotros estamos aquí y tus tíos viven...mmm, eso es...aquí.

¡Qué gran desilusión!. Yo pensaba que Argentina estaba a la vuelta de la esquina. Mi sueño de ir a pasar un fin de semana se esfumó en un instante.

--De momento, tendrás que conformarte con escuchar a Carlitos, bromeó mi padre mientras tarareaba "Caminito".


Las referencias a Argentina fueron constantes a lo largo de mi adolescencia y juventud.

--Es un gran país, explicaba mi padre. Cuando en España no teníamos nada que llevarnos a la boca, después de la guerra, Perón nos envió alimentos...

--¿Perón es ese señor trajeado que está casado con esa señora rubia tan guapa?.

--...Evita, sí. A lo que iba. Muchos vascos pudieron rehacer sus vidas allí cuando en este país apenas había nada, salvo miseria y dictadura. Nunca lo olvides.

Hoy soy una persona adulta. Mi padre murió en 1.990, pero muy pocas cosas han cambiado. De hecho, aún no conozco Argentina. Eso sí. Escucho a Carlitos con el mismo fervor de siempre, (convenientemente sazonado con las suaves notas de café, tabaco y brandy).

Y mientras tarareo "El día que me quieras", me pregunto qué habrá sido de mis tíos Poli y Amara, de los primos americanos que jamás conoceré. ¿Serán felices?. Quién sabe...

Cuando salgo a la calle y observo cuánto ha cambiado la sociedad española, me da por pensar. Ahora que nos hemos convertido en un país de acogida, de puro mestizaje, ¿sabremos estar a la altura de las circunstancias?, ¿somos conscientes de la inmensa deuda que contrajimos con los países hermanos?. Espero que sí.

De hecho, por fortuna, Carlitos me lo recuerda constantemente.