SNIFF...

(Método infalible para hacer frente al síndrome post vacacional).
Hey colegas, se acabaron las vacatas, (sniff). Bueno, para ser sincero, aún me quedan un par de días de descanso a tutiplén, pero el asunto no tiene remedio, (ya me estoy preparando para combatir el dichoso síndrome de los cojones). Y como lo prometido es deuda, aquí os dejo una breve semblanza de lo que han sido estas cinco semanas de relax y francachela
Por si no lo sabíais, hace años decidí darme el bote a última hora, en pleno mes de septiembre. Y no por una cuestión económica relacionada con la temporada baja, la caída de los precios o las ofertas ventajosas, (no me sobra la pasta pero aún conservo la rara costumbre de acudir al mismo lugar y a la misma vivienda).
La verdadera razón, es que nunca me gustaron las aglomeraciones y muchísimo menos en agosto, periodo proverbialmente ruidoso y pachanguero. Claro que para eso están los gustos y los colores.
Sin embargo, reconozco que, en esta ocasión, he metido la pata. Hasta el fondo. Pensé que la última semana de ese fatídico mes sería especialmente relajada, con la peña en masiva retirada, más pendiente de organizar el nuevo curso que de dar la vara al prójimo.
Inocente que es uno. Los últimos siete días de agosto fueron un puto infierno de marujas epilépticas, pánfilos paterfamilias, niños asilvestrados y perros sueltos. Vamos, para mear y no echar gota.
Un día cualquiera. 12,45 del mediodía. Iñakito plácidamente sentado en una terraza a la sombra, sin otro objetivo en la vida que leer el “Marca” y el “Penthouse”, (todo no va a ser deporte y frivolidad, ejem), y degustar un vermú con unas olivas. A pesar de que luce un sol espléndido, de pronto comienza a "llover".
--Enriquito deja de salpicar a ese señor…
(Enriquito es un futuro terrorista y está peligrosamente armado con una metralleta intergaláctica capaz de expulsar dos litros de agua en cinco segundos).

--Enriquiiito, ¡mira que me levanto…!.
(Enriquito, el autista asesino, continúa sin hacer ni puto caso).
--Enriquito, como sigas molestando a ese señor de la barba, vas y te la cargas…
(A Enriquito se la suda a cuatro manos).
--(Ahora soy yo quien habla). Enriquito, hijo…
(Enriquito me mira con desdén adulto).
--¿…?.
--Mira, majete, (falsa sonrisa paternal sabiamente combinada con una leve colleja en el cogote). Como me sigas mojando, TE VOY A DAR DOS HOSTIAS, ¿Estamos?.
(De pronto, Enriquito se siente compungido. Compungido y acojonado).
--Y para que veas que voy de buen rollo, toma estos cinco euritos, (plas, plas, suaves pero firmes capones amistosos), y a partir de ahora le echas el agua a tu put…santa madre. Porque aquella señora gorda que te cagas, (a la que por cierto, le importas un huevo), es tu mamá, ¿verdad?.
(Enriquito asiente mientras observa a su presunta madre con ojos de asesino en serie y acaricia nervioso el gatillo del arma de destrucción masiva).
--¡¡¡ENRIQUITO!!!, ¡¡¡MECAGONTUPADRE!!!. ¡Habráse visto cómo me ha puesto la blusa, el cabrón del crío...!. ¡¡Si te pillo te avío...!!.
Pero al margen de estas pequeñas clases de pedagogía aplicada, la cosa no ha estado mal : mucha comida, mogollón de bebida, la hostia de música, alguna que otra lectura, (novela negra, mayormente), y el copón de barriga, juas, juas.
A ver. Que uno no es socio de “grinpís” ni amigo de “yoggings” ni de paseos suicidas, las cosas como son. Que el campo está repleto de infartados, que parecéis nuevos, joder.
Además, no sé de qué coño os extrañáis. Mi gran objetivo vacacional siempre ha sido el mismo : engordar a toda pastilla para lucir, durante el otoño, una tripa venerable. ¿Por qué?. Pues muy sencillo. Soy consciente de que una vez que me incorporo al tajo, mi habitual delgadez se agiganta a cada hora que pasa, tal es el desgaste al que me somete la insensible patronal...
Por eso, mis vacatas saben y huelen a tintorro y a txuletón a la piedra, a cervezota y a tapa, (cuanto más grasienta mejor), a siesta y a terraza, a patatas fritas y a periódico con suplemento coñazo, tipo “El Cultural”. Es lo que hay.
Por eso, cuando observo que algunos colegas queman sus vacaciones contratando a empresas especializadas en deportes de riesgo, o haciendo la maratón en carreteras secundarias atestadas de camiones, o corriendo en bicicleta a 40 grados a la sombra, ¡es que me descojono toda!.
Para unos cuantos días que tiene el obrero, no penséis que me voy a poner en plan metrosexual. Ni por asomo.
El mío, ha sido un veraneo de los de antes, de los de botijo y bota de vino. Ah, y sin gripes. Que ya sé que alguno andaba preguntando por el estado de mis defensas. Como un roble, chavalotes. Que digo como un roble...¡como una rosa!.
Vale, que ya os veo venir…no, si a vosotros no se os puede engañar. Joder. Para lo que queréis, ¡bien listos que andáis…!. Sí, ¡hombre!, un pequeño refriado sí que tuve, bueno, y un poco de lumbago por dormir con el culo al aire... y ahora que recuerdo, aquel empacho de cordero asado, dita sea, y el corte de digestión sin importancia…pero, ¿estoy tonto?. ¿Qué hago contándoos mi vida?. Esto, ejem. A lo que iba. ¡Las vacatas, de puta madre!. ¡Como un señor!.
Atjó, atjó, atjó. Puto frenadol, debo estar inmunizado porque ya no me hace nada, el muy jodío…















lascosasdepepe dijo
es un kit muy valido........
un abrazo.
29 Septiembre 2008 | 07:28 PM