SHOPPING
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En mi modesta opinión, no hay nada más aburrido que ir de tiendas. Y eso que la cosa ha mejorado en los últimos años...(sólo hay que ver lo monas y atentas que son las dependientas de hoy en día, ejem...).
Pero todo tiene su explicación. Pertenezco a una generación que en su infancia y juventud jamás pisó comercio alguno salvo que se tratara de un local de billares y futbolines.
Una época en la que mi madre, (ella y sólo ella), se encargaba de comprar la ropa y los zapatos del personal masculino de la casa. De modo y manera que mi señor padre, mi hermano mayor y un servidorcito vivíamos de puturrú de fuá, ajenos a las sudorosas aglomeraciones propias de las rebajas.
Claro que todo cambió cuando me casé con la Churri. Entonces no me quedó otro remedio que equipararme al resto de los mortales y quemar buena parte de mi santa paciencia en las boutiques de moda...
Porque esa es otra. Aquí, mi "contraria", desconfía de mí y por eso no me deja ir solo al "Corte Escocés". Piensa, con buen criterio, que con tal de no perder tiempo y no hacer mala ostia, soy capaz de adquirir lo primero que vea sin importarme el precio o el color de la prenda. Pero es que así somos los tíos. O al menos, los tíos de antes.
Para que os hagáis una idea : yo llego, digo buenas tardes, pillo un pantalón, miro la talla, me compro tres iguales y me las piro. Tiempo invertido, 13 minutos, 35 segundos.
Con la Churri, no. Tú traspasas la puerta de "Corteinfiel", o de "Massimo Frutti", a las cinco y cuarto de la tarde y hasta las seis menos diez, como mínimo, no sales de allí.
A partir de entonces, te conviertes en lo más parecido a un preso de Guantánamo. Te sientes humillado, degradado, violado...sometido al insensible criterio de tu parienta y al de una señorita llamada Erika, (ese es al menos el nombre que consta en la tarjetita que pende insolente de su pecho izquierdo), a la que no conoces de nada y a la que curiosamente todo le parece bien aunque, en el fondo, estés hecho un puto adefesio.
No hay cosa que más me joda que desnudarme en esos probadores estrechos de cortinilla voluble, en los que te puedes encontrar casi de todo : desde la foca locuaz, hasta al abuelo batallitas, pasando por la niñata semidesnuda que te mira con curiosidad insana mientras te hace una foto con el móvil y se descojona de tus gayumbos jaguayanos. (A veces me da por rastrear el Yutubé, por si aparezco en algún vídeo cabrón).
Y una cosa más. ¿Alguien sabe por qué el tallaje que figura en la ropa no se corresponde en absoluto con la realidad?. ¿Se trata de una estrategia comercial?. ¿Son ganas de tocarnos las criadillas?. A lo peor lo que pretenden es obligarnos a volver a la dichosa tienda a reclamar una talla mayor y de paso, por si cuela, a intentar que nos gastemos lo que no tenemos en complementos innecesarios...
No sé vosotros, pero yo lo tengo clarinete. Si me toca la lotería, antes de agenciarme un buen coche o una buena casa, lo primero que haré será contratar a una "compradora". Una profesional cuya única misión consista en ir de tiendas para mí. Como Paris Hilton. Como mi difunta madre...
















cata dijo
Ja ja... pobrecito Iñakito, si es que no se puede contigo... Pero aquí te doy la razón, yo si llegara a la sección de ropa (que nunca eh llegado, porque me mareo antes) me pondría como tú...
Pero en tu caso solo son excusas... lo que pasa es que a ti lo que te mola es ir solo al vestidor, y la parienta, como te conoce... no da el visto bueno... y claro... no es lo mismo cuando tienes la benemérita al lado...
Pillín... un besito
19 Febrero 2009 | 08:06 PM