¡QUÉ SE BESEN...!

Mi aversión a las bodas viene de lejos. Siempre que recibo una invitación formal me dan ganas de poner cualquier excusa con tal de no acudir. Y no es tanto por el pastón que te gastas, (que también), sino porque me parecen un coñazo insoportable.
Para empezar, lo malo de una boda es que se trata de un evento en el que opina y participa todo cristo, salvo los contrayentes. Da igual que tú prefieras celebrar una ceremonia íntima, rodeado del personal más cercano.
Al final, te verás rodeado de mogollón de peña, (400 comensales como mínimo), a la que no conoces de nada. Desde la tía Carmina que, (por lo visto), vive en Valladolid, pasando por el primo Lucas que, (al parecer), reside en Calatayud.
Si eres el novio, por ejemplo, te hincharás a dar besos a todo quisque, sin orden ni concierto. A mí me ocurrió. Me casé por lo civil y terminé propinando un achuchón emocionado a una "picoleta" de buen ver que en ese momento hacía guardia en los juzgados...
En las bodas ves casi de todo. Desde el invitado sinvergüenza que quiere ligar a toda costa con una de las compañeras de mesa, sin importarle el que dirán, hasta los glotones que comen por diez o por doce, a pesar de lo cual te pondrán a parir diciendo, (por lo bajinis), que el menú, además de cutre, fue escaso.
Lo que sí me gusta de las bodas, (todo no va a ser necesariamente malo), es la gente que no controla y se agarra unos pedos de escándalo. Sobre todo, si son parientes directos. ¡Da gusto ver al abuelo Fermin, harto de chinchón, tirando pellizcos a troche y moche en la pista de baile!.
--¡Hay qué ver la vitalidad que tiene el viejo!, comenta la Churri.
--Más que "vitalidad", yo diría "habilidad"...¡No hay culo que no haya palpado, el muy jodido...!.
Si os soy sincero, el baile es algo que no va conmigo salvo que sea a lo agarrado, (manías que tiene uno...). Por eso, cuando llega el momento terrible en el que la orquesta de turno ejecuta clásicos tan "solemnes" como la conga o el raskayú, opto por desaparecer y deslizarme, con la habilidad de una serpiente de cascabel, hasta alcanzar la barra del garito.
--Desde luego, cada día eres más rancio...
--(Miento como un bellaco). No es eso, cari...es que me duele la pierna...
--¿La pierna?. ¡Hace diez minutos te he visto bailando con la Jessi y no te dolía nada...!.
--Señor, Señor, (menudo control)...¡¡si podía ser mi nieta...!!.
--Ándate con ojo que esas lagartas, con carita de "yo no fuí", son la peores...y a mí no me vaciles que hoy duermes en el sofá...
Creo que el tema está claro. Puestos a elegir prefiero asistir a un funeral. Por lo menos, allí no se sortea la corbata del finado, ni se grita : ¡¡viva el cadáver!!, ni mucho menos estás obligado a bailar con la viuda.
Aunque bien mirado, cuando la palme igual monto una lista de regalos en la sección de bodas de El Corte Galés, (una cosa sencilla, ya sabéis : televisión de plasma, home cinema, ordenata turbo mix, etc...).
Ya lo decían los antiguos egipcios, que de esto sabían un huevo : nunca se sabe qué tipo de vida nos espera en el otro barrio...
















cafe-paris dijo
La verdad yo tampoco soy de boda, de hecho ni estoy casada y siempre lo digo, o intimidad tu, yo y los dos testigos, o compro todos los tickets de una butifarrada popular y el banquete en medio del pueblo con quién se quiera apuntar. En cuanto voy de invitada saben que estoy sin un duro, si me invitan es porque quieren disfrutar de mi agradable presencia, es lo que hay. Saludos.
27 Marzo 2009 | 07:47 PM