TRISTEZA DE AMOR

La primera vez que la vi pensé que era una de tantas locas. Sin embargo, hubo algo en ella que me llamó la atención. Su forma de vestir, de maquillarse...su mirada, eso es. Su mirada profunda, a pesar de todo.
La mujer no tiene nombre. Y eso me causa desazón. Cuando inquiero por ella, nadie me sabe decir.
--Ah, la loca...
--La loca, sí. Pero, ¿cómo se llama?.
--Loca. ¿A quién le importa?.
La primera vez que me topé con ella, os decía hace un momento, fue en un autobús urbano. Siempre me he comportado como un tipo educado, por eso la dejé pasar.
--¿Dónde se dirige?.
-- ¿ ...!.
--Si usted no lo sabe, imagínese yo...
El chófer piensa que la mujer está borracha, pero no hay tal.
--Quizá se encuentra aturdida, acierto a comentar.
--No tengo tiempo, se está formando cola...
--Espere, interrumpo. ¿Dónde desea ir?.
--A casa, responde con gesto cansado.
--¿Su casa está en La Rotxapea?.
--Sí.
--Bien, yo pago su billete. Usted sabrá dónde apearse, ¿verdad?.
--Claro...
Tiempo después, alguien me contó lo siguiente :
--Aparenta más edad de la que tiene y si te fijas bien, siempre va arreglada, perfectamente vestida y maquillada aunque es incapaz de distinguir las estaciones del año. La verás con abrigo en verano y en manga corta en pleno invierno. De hecho, fue una mujer bellísima, pregúntaselo a cualquiera. Hace algunos años, la vida le sonreía, se iba a casar. Pero una semana antes de la boda su novio falleció en un accidente de tráfico...A partir de ahí perdió la cabeza, nunca volvió a ser la misma persona.
Hoy, mientras paseaba por el Parque de los Enamorados de Pamplona, (curiosa coincidencia), me la he vuelto a cruzar.
--Señor, ¿puede prestarme algo de dinero para un café?.
Son las tres de la tarde y el sol calienta hasta a hacer daño. Ella, la sin nombre, alarga su mano derecha enfundada en un guante negro.
--Naturalmente, asiento mientras alargo unas monedas.
La mujer acelera el paso sin darme las gracias. A escasos metros gira a la derecha y se introduce en un bar.
Cuando paso por delante del establecimiento puedo verla sentada en la barra, con la mirada perdida y una taza humeante entre las manos.
Entonces sigo mi camino y comienzo a silbar.
("Tristeza de amor". Hilario Camacho acompañado por Antonio Amores)













kilifa dijo
uyyyyy amigo, que historia más triste...enloqueció de amor..
Hay gente que no se recupera de esas cosas.
Me dejaste muda, con el vello erizado..
Estas cosas pasan, y nos adelantamos a pensar que estan locos.
Pobre mujer, me dá pena. ojala y encuentre quien le devuelva la cordura...
besitos
5 Abril 2009 | 08:43 PM