(Autorretrato del gran Hergé, padre de Tintín y del Capitán Haddock, absolutamente abrumado)

Sobrevivir a una mudanza no es cosa menor. Aunque, si os soy sincero, ha sido la Churri la que ha cargado con todo el peso del traslado. En lo que a mí respecta creo que el cambio ha sido radical : una oferta laboral atractiva en todos los sentidos, nueva residencia en Vitoria, (¡¡Pamplona, cuánto te echo de menos!!), y un horario de oficina menos rígido de lo esperado.

Parece mentira que todo este follón se haya producido en apenas 28 días. La vida, es curioso, da más vueltas que una noria y cuando uno tiene la impresión de que nada va a cambiar, que lo que corresponde es un periodo de tranquilidad y buenos alimentos, ¡zas!. El destino, que lo trastoca todo, te involucra en un nuevo reto al que no te puedes negar.

Nuevo trabajo, nuevos compañeros, nuevos objetivos y, lo mejor de todo, nueva y generosa nómina. El asunto no pinta mal.

De momento, mi empresa de siempre ha tenido a bien concederme una excedencia estupenda. De modo y manera que, si en el plazo de un tiempo prudencial, la cosa no funciona, podré regresar a mi plaza navarra, sin ningún problema.

En cuanto a mis blogs, lo cierto es que con tanto barullo, ni siquiera he tenido tiempo de leeros. Espero poder hacerlo en un pis pas, en cuanto me ponga las pilas y mi voluble existencia comience a transcurrir por donde solía.

Hasta muy pronto, coleguis. Nos vemos en cuestión de días.