EL PUTO PATO


Da la casualidad de que vivo en un bloque de pisos cuya mayor virtud es que todas sus ventanas y balcones vienen a dar a un parque preñado de infinidad de árboles y césped a tutiplén.
Una gozada. Cuando los operarios municipales pasan la cuchilla, el aroma fresco y húmedo de la hierba recién cortada se cuela por toda la casa y te inunda los pulmones hasta encharcarlos de savia y clorofila.
¿Pájaros? Mogollón. Los hay de todos los colores y trinos. Claro que servidor, como es urbanita hasta las trancas, no distingue un gorrión de una cigüeña, pongamos por caso.
A pocos metros de mi portal se divisa un estanque que te cagas. Allí han sentado sus reales algunas zancudas que suelen aparecer cuando menos te lo esperas, y varias familias de patos.
Hasta hace cuatro días, lo único que sabía sobre patos, exceptuando al divino Lucas, es que cocinados a la naranja están cojonudos.
Como soy de natural despistado, apenas me fijo en el parque ni en sus plumíferos habitantes. Y eso que lo cruzo todos los días, camino del curro.
Pero la otra tarde, mientras caminaba a paso apresurado en dirección a mi domicilio, escuché claramente el cuack, cuack de los patos. Miento. Para ser exactos oí claramente el susodicho cuack, cuack pero proveniente de UN SOLO PATO.
No era un cuack, cuack al uso, ya sabéis, sino un cuack, cuack que sonaba como un juas, juas de descojono total.
Esto sucedió una tarde, ya os digo. Pero 24 horas después ocurrió lo mismo. El cabrón del pato se partió el culo en el mismo instante en el que bordeaba el estanque.
Entonces hice la prueba. Los juas, juas cesaron unos metros más allá. Cuando regresé sobre mis pasos con gesto de disimulo, el hijoputa del pato, que estaría ojo avizor, volvió a cachondearse sin compasión.
Desde entonces vivo sumido en la confusión más absoluta ¿Es el puto pato la voz de mi conciencia? ¿De qué cojones se ríe, si puede saberse? Y si se ríe como se ríe, a pico batiente ¿qué es lo que sabe realmente de mi vida? Porque está claro que el muy cínico me controla la ostia.
Hoy he decidido variar mi itinerario y he vuelto a casa dando un rodeo considerable. Me da igual. Bastante tengo con mis problemas como para que venga un pato listillo a tocarme las bolas.
Hasta ahí podíamos llegar. Al fin y al cabo, las miserias de cada cual son personales e intransferibles...
















cata dijo
JA JA JA JA JA JA JA JA... me desKUACKKKKeringo contigo... Pero buenoo!!! en tu casa no teneis tele lo más seguro... no hace falta, ja ja ja... Es que debe ser poner un pie en casa, empezar a soltar tus aventuras y partirse de risa todo dios... Pobre patito guapo, pero es que no ves que solo te saluda... Y si es patita y ha quedado prendada de tí yogurín??? eh??? eh???
Estás que te sales Iñakito, un 10 para tu post...
KUACCKKK KUACCCKKK!!!
25 Noviembre 2009 | 08:28 PM