AQUELLA TIENDA DE CAMPAÑA

Para aquellas/os que no sepan qué es una tienda de campaña en condiciones, la explicación es bien sencilla. Llegados a una edad respetable, yo ando en ello, despertarse con el pene en plena expansión filantrópica equivale a ver a dios.
No, no exagero. De hecho, el mito de la "tienda de campaña" constituye la típica y recurrente conversación de bareto entre los amigotes de toda la vida...
--Cagontó, Periko...seguro que tú, a tus años, te despiertas más lacio que una acelga de invernadero...(risas)
--¡¡Pero qué dices, chaval!!. Bourrppsss (eructo cervecero de dos segundos de duración) Si el otro día agujereé la manta y el edredón sin darme cuenta...
--¡Ya será menos!, apunta el Sebas, seguro que estabas teniendo un sueño erótico con Rajoy...
--¿Y tu puta madre?, bourrppsss ¿ya se ha retirado de la calle...?
--Tranquis, sentencia Manu. Lo que está claro es que, a pesar de los excesos y los trienios, estamos que rompemos...¿o no?
--Ya te digo, y si no que se lo pregunten a mi Churri...
--Si es que, bourrppsss, somos la ostia de viriles, las cosas como son...
--¡¡¡Paquillo, sirve otra ronda a los "machomén", a todos, menos a uno!!!
--(Más risas) Iñakito, bourrppsss, ¡a ver si me vas a encontrar...!
Pues sí. Esta es la clásica vacilada intelectual que los tíos maduritos solemos cascarnos, entre cervezota y cervezota, sólo por reafirmarnos en plan tribal y prehistórico (¡Urk, urk!).
Supongo yo, que hace la tira de años (un millón o más), el típico graciosillo de la comuna haría lo propio, de manera sutil y poética, con unos testículos y un par de pedruscos.
Solemos pensar, aquí los tordos, que despertarnos todos los días en plenas facultades paqueteriles es sinónimo de fertilidad, palote y tentetieso. Gloria bendita, que diría el cura de mi pueblo.
--Buéhhh...eso lo diréis tú y tus amigotes de taberna para daros el pote...¡menuda cuadrilla de perdedores...!
--Joder, Churri...si lo decimos, será porque es la puta verdad...
--Fíate y corre...Mucho presumir y seguro que entre todos sois incapaces de mantener una triste erección de cinco minutos...
--Mecagontó, de otra cosa no sabré, pero de erecciones...Además, ejem, tú eres una "testiga" privilegiada...¡menudos despertares tiene tu tigretón...!
--¿Te refieres a la tienducha de campaña? Juas, juas...
--(Un poco mosca) Pero vamos a ver...¿qué tienes tú que decir de mi legendaria tienda de campaña?
--Pues que no cuenta como erección porque no lo es, Sandokancín...Hablamos de algo artificial provocado por el cúmulo de orina almacenada durante la noche. Así que ya se lo puedes ir diciendo a los fantasmas de tus colegas: ¡naranjas de la china...!
--Sniff...
Es lo que tiene el amor. Que con los años, todo se vuelve más romántico y sincero (¡manda huevos con las parientas...!).
Pero a mí, me la pela. Prefiero seguir pensando que mi cama es el mejor cámping del País Vasco y parte del extranjero, y que dios no me concedió riquezas materiales, pero sí argumentos amatorios de peso...
--¿A qué sí, Perikón? ¿A qué somos los putos amos?
--¿Cúmulo de orina?, bouurrppsss...La virgen, qué mal rollo...Mañana mismo me compro un orinal, hago pis de madrugada ¡y a ver cómo me despierto...!
--Sniff...
No somos nada. Aunque en mi caso, no pienso dejar de hacer notar públicamente mi juguetona tienda de campaña, por mucho que mi desalmada santa se empeñe en asesinar, a sangre fría, al mono tarzanil que llevo dentro.
A cuenta mía, los fabricantes de orinales se morirán de hambre...
















azul dijo
A cada uno lo suyo, Iñaki. No hagas caso a la Churri que te quiere hundir. Mantén la tienda de campaña por muchos años más.
Me alegro de verte de nuevo por aquí. Te echaba de menos. A ver si nos cuentas algo de tus vacaciones. Lo que se pueda contar, claro...
Besos,
16 Septiembre 2010 | 06:59 PM